Momento Extraordinario

por Max Lucado

   
 

Jesús no estaba desplegando su poder. Era una semana común, llena de madres impacientes que vestían a sus hijos, y padres que salían apresuradamente para sus trabajos. Una semana llena de platos lavados y pisos limpiados.

La naturaleza no daba ninguna señal de que aquella semana sería diferente a cualquiera de las miles de semanas anteriores o las que siguieron después. El sol seguía su trayecto habitual, las nubes salpicaban el cielo de Judea, el césped estaba verde, las espadañas se mecían al viento.

La naturaleza gemiría antes del domingo. Las piedras temblarían y el cielo se cubriría con un manto negro. Uno no se imaginaría eso mirando el lunes, martes, miércoles o jueves. La semana no daba ningún indicio al respecto.

Tampoco la gente mostraba alguna señal. Para muchos, era solamente la llegada de un fin de semana festivo. Los rostros no mostraban señal alguna de lo que se aproximaba... porque ellos tampoco lo sabían.

Uno podría pensar que los discípulos sospecharían algo, pero no... Lo único que ellos sabían con seguridad era que sus ojos estaban más enfocados, -él parecía estar determinado- de algo de lo que ellos no estaban seguros. Y lo más importante, Jesús no daba ninguna pista. Usted podría pensar que los cielos se abrirían, sonarían trompetas, los ángeles llamarían a todo el mundo a Jerusalén para que fuesen testigos del evento. Usted pensaría que el mismo Dios descendería para bendecir a su Hijo. Pero no lo hizo. Dejó el extraordinario momento envuelto en lo cotidiano.

Para la gente de Jerusalén, la proximidad de la hora más notable de la historia ocurriría dentro de una semana sin nada destacable. Dios está en su ciudad y muchos de ellos se lo pierden. Jesús podría haber hecho algo espectacular para llamarles la atención; los podría haber dejado pasmados haciendo lazos y maravillas con una soga o saliendo del templo dando vueltas y saltando hacia atrás. Cuando ellos exigieron: ¡Crucifícale! ¿por qué no les hizo crecer la nariz?

¿Por qué el poder milagroso de Jesús quedó en silencio en esta semana? ¿Por qué no hizo algo espectacular? Ningún escudo angelical le protegió la espalda de los latigazos. Ningún yelmo santo cubrió su frente de las espinas de la corona. Dios se metió en las profundidades de la miseria humana, se sumergió en la oscura cueva de la muerte y emergió de allí...vivo.

Dios nos llama a un mundo real. Él no se comunica haciendo trucos. Él no es un ilusionista, un genio, un mago o un encantador. Él es el creador del universo, aquí mismo, en el fragor de su día Dios le habla por medio del arrullo de los bebés y los vientres hambrientos. No pierda lo imposible esperando lo increíble...Escúchelo en medio de lo cotidiano.

En la semana final, aquellos que pedían milagros no recibieron ninguno, y se perdieron el único. Perdieron el momento en el cual una tumba de muerte se convirtió en el trono de un rey.